Tech Archives - TecnoFuturo24 https://tecnofuturo24.com/category/tech/ El futuro de la tecnología en un solo lugar. Tech News. Mon, 06 Apr 2026 23:27:10 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://tecnofuturo24.com/wp-content/uploads/2024/01/cropped-cropped-TecnoFuturo24Box-32x32.jpeg Tech Archives - TecnoFuturo24 https://tecnofuturo24.com/category/tech/ 32 32 Tu identidad no es un posteo: cómo la exposición en redes puede volverse en tu contra https://tecnofuturo24.com/tu-identidad-no-es-un-posteo-como-la-exposicion-en-redes-puede-volverse-en-tu-contra/ Mon, 06 Apr 2026 23:27:10 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15210 Columna de opinion por Maximiliano Ripani, Solution Architect & Pre-Sales Engener en…

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Columna de opinion por Maximiliano Ripani, Solution Architect & Pre-Sales Engener en ZMA IT Solutions.

Todavía no terminamos de asumirlo, pero las redes sociales se convirtieron en el espacio donde pasamos una parte enorme de nuestra vida. Antes era un lugar para compartir fotos de vacaciones o algún pensamiento casual; hoy es, para muchos, una suerte de segunda piel. Un lugar donde trabajamos, nos mostramos, opinamos, vendemos, compramos, conocemos gente, nos informamos y, sin darnos cuenta, dejamos miguitas de pan que forman un camino completo hacia quiénes somos. Y ese camino, si no lo cuidamos, puede convertirse en una autopista directa para cualquier ciberdelincuente que esté prestando atención.

Parece exagerado, pero no lo es. En estos años, lo que más creció no fueron los “hackers hollywoodenses” que escriben líneas de código verde a toda velocidad, sino algo mucho más simple y más humano: personas que observan. Que miran, que analizan, que juntan pedacitos que vos mismo dejaste por ahí, sin intención, sin pensar, sin maldad, y que los transforman en una imitación casi perfecta de tu identidad digital. Un reflejo falso que camina por Internet haciéndose pasar por vos, hablándole a tus amigos, enviando mensajes a tus familiares, pidiendo dinero o favores con tu cara, tu nombre y tu estilo. Y lo peor de todo: que puede hacerlo sin necesidad de entrar a tu cuenta ni “hackearte” nada. Solo con lo que mostrás.

Es incómodo admitirlo, pero la mayor parte del poder que tienen los ciberdelincuentes sobre nosotros se los dimos nosotros mismos, un posteo a la vez. Esa foto que subiste sin fijarte en el fondo. Ese comentario donde contás que estás preocupado por un problema personal. Ese video en el que aparece de refilón la entrada de tu casa o el uniforme de tu trabajo. Esa publicación inocente donde contás que estás de viaje. Todo eso, junto, es como un rompecabezas perfecto: la imagen completa de tu vida cotidiana, sin filtros, accesible para cualquiera que decida utilizarla con malas intenciones.

Hay algo que se volvió muy fácil en los últimos años: crear perfiles falsos. Lleva minutos y prácticamente no tiene costo. Todo lo que se necesita es una foto tuya, que seguramente está en tu perfil público, un nombre que coincida, un par de detalles que vos mismo contaste en alguna historia o publicación vieja, y listo. La suplantación de identidad ya no es una cuestión tecnológica, es una cuestión de observación. Y como la mayoría de nosotros vive expuesto, el trabajo del impostor es casi trivial. Muchas veces ni siquiera necesitan investigar mucho: basta con copiar y pegar.

Por eso vale la pena preguntarse: ¿cuánto de lo que mostrás en redes lo mostrarías en la vida real? Porque si lo pensás fríamente, nunca le darías a un desconocido tu documento, ni tu dirección, ni el nombre de tu hijo, ni una foto de tus vacaciones mientras todavía estás de viaje, ni detalles de tu rutina diaria. Pero en redes sociales, lo hacemos sin darnos cuenta. Y ese descuido, que parece inocente, es exactamente lo que permite que otros armen versiones falsas de nosotros mismos. Lo más irónico es que no hace falta ser famoso para que esto pase. Mucha gente piensa: “¿a quién le va a interesar mi vida?”. A más personas de las que imaginás. Porque el ciberdelincuente no busca fama: busca oportunidades. Y cualquiera puede ser una oportunidad. Un jubilado que publica que está solo. Un adolescente que muestra dónde estudia. Una madre que sube fotos del colegio de sus hijos. Un emprendedor que exhibe su lugar de trabajo. Una persona que comparte que está viajando y no vuelve hasta el domingo. Un perfil con una red grande de contactos confiables. Todo eso vale. Todo eso se usa.

Las redes sociales, además, juegan un papel que no siempre reconocemos: están diseñadas para que queramos mostrar más. Te celebran cuando publicás, te empujan a compartir, te sugieren recordatorios, te muestran “recuerdos”, te recomiendan usar tu ubicación y te invitan constantemente a exponer. No es casual, es el negocio. Y mientras más publicamos, más visibles somos. Mientras más visibles somos, más fácil es convertirse en nosotros.

Cuidarse no significa desaparecer ni volverse desconfiado de todo. Significa empezar a mirar el mundo digital con la misma sensatez con la que mirás el mundo real. Pensar antes de publicar. Preguntarse: “¿Esto lo puede usar alguien en mi contra?”. No porque vivas en paranoia, sino porque es un mínimo de higiene digital, como lavarse las manos. Un hábito que, una vez incorporado, ya no requiere esfuerzo.

Gran parte del problema empieza con la falsa idea de que “si mi perfil es privado, estoy seguro”. Lamento decirlo, pero no alcanza. Muchos perfiles “privados” tienen listas de contactos que no conocen personalmente. Aceptan solicitudes de gente que no recordaban haber visto nunca. Creen que porque tienen un candado en la biografía, el peligro desaparece. Sin embargo, basta un solo desconocido infiltrado entre tus contactos para acceder a todo lo que compartís. Y la mayoría de los perfiles falsos empieza exactamente así: pedidos de amistad enviados de a cien, esperando que alguien, aunque sea uno, diga que sí. Y cuando ese “sí” llega, tienen una ventana completa a tu vida.

También está ese reflejo tan típico de subir fotos del momento presente: la comida que estás comiendo ahora, el hotel donde estás durmiendo ahora, el recital al que fuiste esta misma noche. Parece inofensivo, pero es exactamente la información que un delincuente necesita para saber cuándo no estás en tu casa, para ubicar geográficamente tus movimientos o para deducir patrones habituales. Publicar en tiempo real, sin pensarlo, es como anunciar “mi casa está vacía”. Y no es necesario exagerar para que esto sea evidente: muchas personas sufrieron robos justamente después de publicar fotos de un viaje. La correlación no es casualidad. Otro punto que casi nadie mira es el fondo de las fotos. A veces cuidamos lo que mostramos, pero no lo que se filtra detrás. Una carta con tu dirección, un carnet con tu número, una computadora con información personal abierta, el nombre de una institución, una tarjeta de crédito sobre la mesa, la patente del auto estacionado atrás, el uniforme del trabajo, un contrato, un recibo. No tiene que ser una foto comprometedora: basta un detalle. Y los detalles, para un ojo malintencionado, son oro puro.

La mayoría de la gente cree que cuidarse en redes requiere saber de informática. Y no. Cuidarse requiere algo mucho más simple: criterio. Pensar, de manera responsable, que lo que subís deja de ser tuyo en cuanto presionás “publicar”.

Que, aunque borres algo después, ya pudo ser capturado, descargado, duplicado, reenviado. Que lo que compartís para tus amigos puede terminar en manos de desconocidos. Que lo que decís puede ser usado para armar una historia falsa pero convincente con tu nombre. Que alguien podría hablarle a tu familia haciéndose pasar por vos. Y que prevenirlo es mucho más fácil que repararlo.

También necesitamos reconocer que nadie está a salvo del todo, ni siquiera quienes saben del tema. Pero sí podemos estar menos expuestos, y eso ya cambia el panorama. Cuidar la privacidad no significa ocultarse. Significa seleccionar. Igual que en la vida real. Seleccionás a quién le contás tus cosas, a quién dejás entrar a tu casa, a quién le mostrás fotos de tu familia. No lo hacés indiscriminadamente en la calle, y sin embargo, muchos lo hacen todos los días en redes sin detenerse a pensar un segundo.

Creo que lo más importante de todo es entender que tu identidad digital ya no es un accesorio: es parte de tu seguridad personal. Si te la roban, no es un problema “virtual”. Es un problema realísimo que afecta tu economía, tus vínculos, tu reputación e incluso tu tranquilidad emocional. Hay personas que perdieron amistades, trabajos y dinero porque alguien se hizo pasar por ellas. Y no porque fueran descuidadas, sino porque no se dieron cuenta de que estaban regalando información que no tenían por qué regalar.

La buena noticia es que cambiar esto no requiere conocimientos complicados. Requiere hábitos. Tal vez recuerdes cómo antes la gente dejaba la puerta de su casa abierta sin preocuparse. Hoy nadie lo hace. No porque vivamos con miedo, sino porque entendimos que no es una buena idea. Con las redes sociales pasa lo mismo. Se trata de cerrar la puerta, no de vivir encerrados. De entender dónde están los riesgos y actuar en consecuencia.

Mirar tus redes con una nueva conciencia es probablemente el paso más valioso que podés dar. Preguntarte qué necesitás mostrar realmente. Revisar tus listas de amigos y limpiar lo que sobra. Evitar publicar en vivo dónde estás. Ser prudente con la información personal. Ser crítico con quienes intentan acercarse sin motivo. Pensar en tus hijos, en tus padres, en tus amigos: ellos también pueden ser víctimas si alguien se hace pasar por vos. Y lo más importante: hablar de esto. Compartirlo. Concientizar. Porque la ciberseguridad no es solo una cuestión individual, es una red de cuidado mutuo.

Proteger tu identidad digital no es paranoico. Es madurez. Es entender que vivimos en un mundo donde la información vale más que nunca. Un mundo donde mostrarse está bien, pero mostrarse sin límites tiene un costo. Un mundo donde cuidar lo nuestro, en línea o fuera de ella, es un acto de responsabilidad. Y quizás lo más importante: es entender que vos valés más que cualquier publicación. Que tu historia, tus recuerdos, tus fotos y tus vínculos merecen ser cuidados. Que el mundo digital puede ser maravilloso si lo atravesamos con la cabeza despierta. Tu identidad no es una foto de perfil. Es tu vida. Y merece estar protegida.

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El “Tinder del trabajo” llega al sector de la seguridad electrónica, una nueva forma de conectar talento y empresas https://tecnofuturo24.com/el-tinder-del-trabajo-llega-al-sector-de-la-seguridad-electronica-una-nueva-forma-de-conectar-talento-y-empresas/ Tue, 17 Mar 2026 18:32:07 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15203 La innovación también transforma la manera en que las personas encuentran empleo.…

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La innovación también transforma la manera en que las personas encuentran empleo. En un mundo donde las plataformas digitales redefinen vínculos y oportunidades, una aplicación desarrollada por emprendedores argentinos revoluciona la búsqueda laboral con una propuesta tan simple como efectiva: unir empresas y candidatos con un “match” laboral, al estilo Tinder, pero enfocado en el trabajo.

La plataforma, ya adoptada por grandes compañías y avalada por importantes grupos inversores del país, propone un sistema ágil, intuitivo y humano. A través de un algoritmo que combina perfiles, habilidades y preferencias, logra que el proceso de selección sea más rápido, transparente y accesible. Los usuarios crean su perfil, definen su experiencia y, en pocos minutos, pueden conectarse con empleadores que buscan exactamente su perfil.

Más que una bolsa de empleo, se trata de un ecosistema digital pensado para potenciar la inclusión laboral, especialmente entre jóvenes profesionales y técnicos que buscan insertarse en industrias en expansión como la tecnológica y la de seguridad electrónica. En este contexto, la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL) anunció un acuerdo con la plataforma para lanzar WorkOn CASEL, un espacio exclusivo que permitirá conectar a empresas del sector con instaladores, técnicos, ingenieros y profesionales de la seguridad. En la actualidad WorkOn, cuenta con una base de más de 160.000 candidatos y más de 1300 empresas que buscan empleados.

En el sector de la seguridad electrónica, la búsqueda de técnicos especializados representa uno de los mayores desafíos para las empresas. La alta demanda de profesionales capacitados, sumada a la rotación frecuente de personal en determinadas áreas operativas, genera una brecha creciente entre la necesidad de cubrir puestos y la disponibilidad de talento calificado. En este contexto, herramientas digitales como WorkOn se convierten en una solución estratégica: permiten a las compañías conectar de manera directa y eficiente con técnicos, instaladores y especialistas, optimizando los tiempos de reclutamiento y asegurando una mejor correspondencia entre las competencias del candidato y las necesidades del puesto.

Este acuerdo busca fortalecer el empleo formal y la profesionalización del rubro, impulsando la empleabilidad en un mercado en crecimiento constante. Con esta alianza, CASEL continúa promoviendo la innovación, el desarrollo tecnológico y la formación de capital humano, pilares fundamentales para el futuro de las tecnologías en seguridad de Argentina.

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Amenazas de día cero: la vulnerabilidad que nadie ve hasta que ya es tarde https://tecnofuturo24.com/amenazas-de-dia-cero-la-vulnerabilidad-que-nadie-ve-hasta-que-ya-es-tarde/ Mon, 16 Feb 2026 15:00:13 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15193 Columna de opinión por Maximiliano Ripani. Experto en Ciberseguridad de ZMA IT…

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Columna de opinión por Maximiliano Ripani. Experto en Ciberseguridad de ZMA IT Solutions (www.zma.la)

En el mundo de la ciberseguridad existe un concepto que, aunque suene técnico y lejano, en realidad nos afecta a todos: las amenazas de día cero. Este término hace referencia a fallas de seguridad en programas, sistemas operativos o aplicaciones que todavía no fueron descubiertas por el fabricante. Eso significa que no hay parches, no hay actualizaciones, y los atacantes que logran encontrarlas primero tienen vía libre para aprovecharse.

Imaginemos una casa con una puerta trasera que nadie sabía que existía. Los dueños viven tranquilos porque tienen rejas, alarma y hasta cámaras, pero un ladrón encuentra esa puerta oculta y entra sin dejar rastros. Eso, llevado al plano digital, es exactamente lo que representa una vulnerabilidad de día cero: un acceso invisible, desconocido, y por lo tanto peligrosísimo.

¿Por qué son tan peligrosas?

La principal razón es simple: no hay defensa preparada de antemano. Cuando se descubre una falla común, el fabricante publica un parche y los usuarios actualizan. Pero en los 0-day (como también se los llama), el atacante juega con ventaja porque sabe algo que el resto del mundo ignora. Esa ventana de tiempo, que puede durar días, semanas o incluso meses, es oro puro para el ciberdelincuente.

Además, los ataques de día cero suelen ser muy silenciosos. No buscan llamar la atención enseguida, sino infiltrarse y moverse dentro de la red sin ser detectados. Muchas veces, lo que buscan no es apagar la computadora o dejar un mensaje en la pantalla, sino algo mucho más grave: robar información confidencial, espiar comunicaciones, comprometer sistemas de pago o preparar el terreno para un ransomware que se ejecuta después, cuando el daño ya es irreversible.

Ejemplos cercanos para entenderlo

Aunque a veces estos temas parecen pertenecer al mundo de las películas de espías, lo cierto es que los 0-day ya impactaron en empresas, gobiernos y hasta usuarios comunes. Un ejemplo famoso fue el ataque a través de WhatsApp en 2019, donde un fallo desconocido permitía a los atacantes instalar software espía en los teléfonos con solo hacer una llamada. El usuario ni siquiera tenía que atender. Se trató de un caso de “zero-click”, es decir, un ataque que no requiere que la víctima haga nada.

Más cerca de lo que pensamos, muchas empresas argentinas sufrieron ataques que empezaron con vulnerabilidades no conocidas en servidores o aplicaciones web. El resultado: robo de bases de datos, filtración de información de clientes y, en algunos casos, pérdida de confianza y reputación que costó millones.

¿Cómo se defienden las empresas si no hay solución oficial?

Acá aparece la parte más complicada. Como no existe un “parche mágico”, la defensa contra estas amenazas depende de tener una estrategia integral y por capas.

En primer lugar, los antivirus tradicionales no alcanzan. No sirven las soluciones que se basan únicamente en reconocer archivos maliciosos conocidos. Lo que hace falta son tecnologías capaces de detectar comportamientos sospechosos, aunque nunca antes hayan visto ese ataque. Esto es lo que hacen los sistemas modernos llamados EDR (detección y respuesta en endpoints), que analizan cómo se comporta un programa y si intenta hacer cosas raras, como manipular la memoria, conectarse a lugares desconocidos o ejecutar código sin permiso.

Pero la defensa no termina en las computadoras. También es clave poder ver lo que pasa en la red, porque muchos ataques de día cero se delatan por cómo se comunican hacia afuera. Herramientas que analizan el flujo de datos permiten detectar conexiones sospechosas, como cuando una máquina empieza a hablar con un servidor en otro país que nunca estuvo en los registros.

A eso se suma la correlación de eventos: juntar registros de actividad de distintos sistemas (servidores, correos, accesos, dispositivos) y analizarlos en conjunto para encontrar patrones. Lo que a simple vista parece un error menor, al unirlo con otros eventos puede revelar un ataque en progreso.

Por último, nada de esto sirve si no existe un proceso organizado dentro de la empresa. No se trata solo de comprar tecnología, sino de definir quién hace qué en caso de un incidente, cómo se comunica el problema y qué medidas se toman para contenerlo. En ciberseguridad, la rapidez de respuesta muchas veces es lo que marca la diferencia entre un susto controlado y una catástrofe.

El factor humano

Un aspecto que no podemos dejar de lado es el humano. Muchos ataques de día cero entran al sistema porque primero engañaron a un usuario: un correo falso, un archivo adjunto, una página que imita a otra legítima. Aunque la vulnerabilidad sea técnica, el primer paso suele ser social.

Por eso, capacitar a los equipos sigue siendo fundamental. No se trata de convertir a todos en expertos en ciberseguridad, sino de darles hábitos simples: desconfiar de correos raros, no abrir adjuntos que no corresponden, verificar direcciones web antes de ingresar datos. Con esas pequeñas prácticas, el riesgo baja muchísimo.

¿Qué pasa en Argentina?

Las empresas argentinas, desde grandes corporaciones hasta PyMEs, enfrentan un escenario complejo. Por un lado, tienen que lidiar con sistemas heredados (los famosos “legacy”) que no siempre pueden actualizar rápido. Por otro, dependen cada vez más de aplicaciones en la nube, accesos remotos y redes que incluyen desde servidores críticos hasta dispositivos IoT. Todo eso amplía la superficie de ataque.

La realidad es que ninguna empresa está completamente a salvo de un 0-day, pero las que tienen planes, procesos y herramientas de visibilidad corren con ventaja. Al menos pueden detectar más rápido y reaccionar antes de que el daño sea total.

Reflexión final

Las amenazas de día cero son, en definitiva, un recordatorio de que la seguridad digital nunca es estática. No alcanza con “tener antivirus” o con “haber invertido una vez en firewalls”. Es un proceso vivo, que requiere atención constante, tecnología adecuada y, sobre todo, una cultura organizacional que entienda que la información es un activo tan valioso como la caja fuerte de un banco.

La buena noticia es que hay maneras de convivir con este riesgo. Con soluciones modernas de detección, monitoreo inteligente de red, análisis de registros, planes de respuesta claros y usuarios más conscientes, un ataque de día cero deja de ser una sentencia inevitable para convertirse en un desafío manejable.

Porque al final del día, la diferencia no la marca el atacante que encuentra la puerta oculta, sino la preparación de quienes están adentro para cerrar esa entrada antes de que sea demasiado tarde.

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Comprar online sin caer en una estafa: el nuevo arte de caminar por la vidriera infinita https://tecnofuturo24.com/comprar-online-sin-caer-en-una-estafa-el-nuevo-arte-de-caminar-por-la-vidriera-infinita/ Wed, 21 Jan 2026 15:14:43 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15181 Columna de opinión por Maximiliano Ripani. Experto en ciberseguridad de ZMA IT…

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Columna de opinión por Maximiliano Ripani. Experto en ciberseguridad de ZMA IT Solutions

Hay una nueva escena de la vida moderna que ya se volvió tan habitual como preparar el desayuno, miramos el celular y aparece una publicidad de algo que, curiosamente, veníamos pensando. Un par de zapatillas, un electrodoméstico, un regalo para un cumpleaños, un pasaje, un celular nuevo. En un par de toques ya estamos frente a una oferta irresistible, una promesa brillante o un descuento que parece imposible. Comprar online dejó de ser una actividad excepcional para convertirse en una parte integrante de la cotidianeidad. Desde el supermercado hasta el pago de un impuesto, desde una cama para el perro hasta un repuesto del auto; todo, absolutamente todo, vive en esa vidriera infinita que es internet.

Pero junto con la comodidad vino el riesgo. Si antes temíamos olvidarnos la billetera en un taxi o perder una tarjeta en un cajón, ahora el temor es más etéreo. Ya no se trata de un ladrón que nos saca algo de la mano, sino de alguien que ni sabemos quién es, que puede estar en otra ciudad o incluso en otro continente, y que se vale de nuestra confianza para vaciarnos una cuenta, robar nuestra identidad o simplemente desaparecer con nuestro dinero. Internet trajo lo mejor y lo peor del comercio humano: ofertas increíbles y engaños elaborados, oportunidades reales y trampas muy bien disfrazadas.

Lo más inquietante es que nadie está exento. No importa la edad, el nivel de estudios, el conocimiento tecnológico o la experiencia de vida. Las estafas online no funcionan por ingenuidad: funcionan por psicología. Funcionan porque todos somos humanos, porque nos entusiasma encontrar una buena oportunidad, porque queremos resolver rápido, porque confiamos, porque estamos distraídos. Y porque los estafadores aprendieron a hablar nuestro lenguaje, a imitar a las marcas y a mezclarse entre miles de ofertas legítimas.

Por eso vale la pena pensar, con calma, sin miedo, cómo podemos caminar este mundo digital sin caer en trampas, cómo comprar con confianza, cómo distinguir una oferta real de una que busca estafarnos, cómo mantener la sensatez en un entorno que a veces parece diseñado para confundirnos.

No se trata de desconfiar de todo, sino de aprender a mirar con otros ojos.

Las estafas digitales rara vez se presentan como amenazas. No aparecen con luces rojas ni con música de suspenso. Al contrario: suelen llegar disfrazadas de oportunidad. Un precio demasiado bueno para ser verdad. Un producto “última unidad”. Un envío gratis que termina hoy. Una promoción exclusiva a la que “fuiste seleccionado”.

Los estafadores conocen el funcionamiento de nuestro cerebro mejor que nosotros mismos. Saben que cuando vemos algo que sentimos que no podemos dejar pasar, actuamos rápido. Nos apuran. Nos hacen sentir únicos. Nos envuelven en la idea de que, si no hacemos clic YA, perdemos.

La primera defensa contra ese impulso no es técnica: es emocional. Es aprender a reconocer el entusiasmo extraño que nos provoca esa oferta “perfecta”. Si algo te da demasiada adrenalina, si una parte de vos piensa “esto es demasiado bueno”, entonces probablemente lo sea. Ese es el momento para frenar, mirar con otro ángulo y preguntarte: ¿cómo sé que esto es real?

En el mundo físico, si querés comprar algo, sabés perfectamente dónde estás parado: en un local, en un shopping, en una feria. Ves paredes, personas, objetos. Tenés información visual que te ayuda a confiar o no confiar.

En internet, la “puerta de entrada” es la dirección web. Y aunque suene técnico, no lo es. Una dirección confiable se ve, se siente y se reconoce.

A veces la diferencia entre un sitio real y uno falso es una letra: amaz0n.com en vez de amazon.com, merdadolibre.com en vez de mercadolibre.com, tiendasoficial-adidas.net en vez de adidas.com. Los estafadores no necesitan crear algo totalmente nuevo, les alcanza con imitar.

Pero hay algo más, los sitios legítimos cuidan su estética. Navegarlos se siente “normal”. Si una página se ve desordenada, con logos deformados, con textos mal escritos, o si al hacer clic en algo te lleva a un lugar distinto, esa es una bandera roja que no falla.

El truco no es ser experto en tecnología. El truco es prestar atención. Igual que no entrarías a un local físico que parece abandonado, tampoco deberías confiar en una web que parece armada a las apuradas.

Las grandes tiendas online, los comercios serios, las marcas reconocidas tienen algo que los estafadores no pueden imitar: la coherencia. Coherencia en los colores, en el dominio, en los textos, en los métodos de pago, en la forma de comunicarse.

Una tienda legítima:

Tiene información clara de contacto.

Tiene políticas de devolución visibles.

Tiene reseñas reales y variadas.

Tiene fotos que no parecen sacadas de un catálogo genérico.

No te presiona por WhatsApp a pagar “por afuera”.

Nunca te pide datos bancarios que no corresponden.

Una tienda falsa suele fallar en alguno, o en varios, de esos detalles. Y basta con detectar uno para encender las alarmas.

Instagram, Facebook y TikTok se convirtieron en mercados gigantescos. Pero también se llenaron de perfiles que venden productos inexistentes. Algunos tienen fotos robadas, otros inventan réplicas perfectas de marcas reconocidas, otros ofrecen precios imposibles.

El problema no es la red social: es la falta de controles. Cualquiera puede crear una tienda falsa y desaparecer en 24 horas.

¿Cómo protegerse?

Mirando lo que no se muestra:

¿El perfil tiene muchos seguidores, pero casi sin comentarios?

¿Los comentarios parecen todos iguales o demasiado elogiosos?

¿Las fotos parecen de catálogo, sin personas reales usándolos?

¿No hay direcciones, teléfonos ni datos fiscales?

¿No existe la marca en otro lugar más allá de ese perfil?

Si la respuesta es sí a varias de estas preguntas, lo mejor es salir corriendo.

A veces creemos que las estafas digitales son tan sofisticadas que cualquiera puede caer. Y es cierto. Pero también es cierto que la mayoría de los engaños tienen un patrón simple: ofrecer algo que no puede existir.

Un iPhone nuevo a un 30% del valor real “solo por hoy”.

Una notebook de gama alta al precio de una básica.

Un televisor que supuestamente se remata por liquidación, pero siempre hay stock.

Las empresas reales sí hacen descuentos. Pero jamás al nivel de la fantasía. El cliente no necesita conocer el mercado: basta con usar el sentido común. Si algo es muy barato, pregúntate por qué. Si no encontrás una explicación razonable, entonces no hay una explicación honesta.

La forma de pago es el filtro más efectivo. Los estafadores siempre buscan que pagues por métodos que no permiten reclamos ni reversión, tales como: transferencias bancarias, depósitos, billeteras digitales a personas desconocidas, links raros, intermediarios improvisados.

Las tiendas reales permiten:

Tarjetas de crédito.

Plataformas conocidas.

Medios con respaldo y posibilidad de reclamo.

Una tienda confiable jamás te diría: “Transferime a esta cuenta personal que te hago descuento”.

O: “El pago es por este link de un proveedor amigo, no por la web”.

Eso es equivalente a que un vendedor de un shopping te diga que la caja no funciona y que le pagues a él en mano detrás del local. No lo harías jamás.

Si hay algo que los estafadores perfeccionaron es el arte de apurarte. Son vendedores agresivos. Te cuentan historias diseñadas para que no pienses demasiado:

“Última unidad, se la estoy por reservar a otro.”

“Cerramos hoy, mañana ya no podemos entregarlo.”

“Es de un familiar que necesita el dinero urgente.”

“Reserva solo por transferencia porque la plataforma me cobra mucho.”

Estas frases existen porque funcionan. Y funcionan porque apelan a dos emociones humanas muy profundas: la ansiedad y la solidaridad.

La defensa, otra vez, no es técnica, es emocional. Cuando alguien te apura, cuando algo te hace sentir que si no decidís YA perdés la oportunidad, cuando te quieren empujar en vez de acompañar… es momento de frenar.

Las reseñas pueden ser una bendición o una trampa. Hay sitios con miles de comentarios falsos escritos por bots. Hay perfiles de redes sociales con reseñas que claramente son copy/paste. Pero también hay espacios con opiniones genuinas, variadas, con quejas y elogios reales.

¿Cómo distinguirlo?

Buscá el matiz. Las reseñas reales no son perfectas. No todas dicen lo mismo. Algunas cuentan detalles cotidianos, otras elogian la atención, otras dan advertencias leves. Un conjunto sano de reseñas se parece más a una conversación humana que a un coro de robots.

Si todo es perfecto, si todo suena igual, si no hay una sola crítica, si el lenguaje parece artificial… sospechá.

Los humanos somos animales entrenados para detectar peligros. Nuestros instintos no desaparecieron, los silenciamos. A veces sentimos “algo raro” y lo ignoramos porque queremos creer en la oportunidad. Pero esa sensación es real. Cuando algo no cierra, no cierra. Cuando algo no te convence, aunque no puedas explicar por qué, escuchate.

La intuición no es enemiga de la razón, es su aliada silenciosa. Una estafa no siempre busca dinero inmediato. A veces busca tu información. Tu DNI, tu dirección, tu número de celular, tu correo, los datos de tu tarjeta, tu identidad digital. Esa información vale más que cualquier compra. Por eso, si una página pide demasiados datos, si te exige cosas que no corresponden, si te obliga a completar formularios sospechosos o si te pide claves que nunca deberías dar, salí de ahí sin mirar atrás.

Ningún sitio serio te pide códigos de seguridad, claves bancarias, token, PIN o verificación por WhatsApp. Internet no es peligroso por sí mismo. Lo peligroso es navegarlo sin criterio. Así como en la vida real evitamos ciertas calles, desconfiamos de ciertos vendedores ambulantes o nos alejamos de propuestas demasiado mágicas, lo mismo tenemos que trasladarlo al mundo digital.

Comprar online es seguro si:

Elegís lugares conocidos o de buena reputación.

Revisás la dirección web antes de pagar.

Buscás información externa cuando algo es nuevo.

No dejás que nadie te apure.

Pagás por métodos que te protegen.

Usás plataformas confiables.

No entregás datos sensibles.

Te escuchás a vos mismo.

No se trata de vivir con miedo, sino de vivir con criterio.

Nos guste o no, hoy somos consumidores digitales. Y como tales, necesitamos desarrollar una mirada más madura, más crítica, más cuidadosa. Nadie lo va a hacer por nosotros. Las plataformas mejoran sus controles, los bancos hacen campañas, las marcas verifican cuentas… pero ninguna medida sirve si nosotros mismos no adoptamos la costumbre de revisar, dudar, preguntar y validar.

La educación digital consiste en saber cuidarse.

Es importante decirlo: internet no es un campo minado. Es un mercado gigantesco donde la mayoría de las compras son legítimas. Miles de personas venden con honestidad, miles de tiendas trabajan bien, miles de marcas cuidan la experiencia del usuario. No podemos permitir que los estafadores nos roben la confianza en todo lo demás.

Comprar online es práctico, útil y muchas veces más económico. Solo requiere lo mismo que cualquier interacción humana: un poco de atención.

Cada año aparecen nuevas formas de estafa: suplantación de identidad, redes falsas de tiendas, links engañosos, productos inexistentes, cuentas hackeadas, perfiles clonados. Pero también aparecen nuevas herramientas de protección: sistemas antifraude, pagos con garantía, inteligencia artificial que detecta engaños, plataformas seguras, políticas de devolución claras.

La clave no está en huir del mundo digital, sino en entenderlo. En saber cuándo avanzar y cuándo frenar. En ser consumidores informados, pero no paranoicos.

La vida moderna nos empuja a hacer trámites, compras y gestiones desde la comodidad de un dispositivo. No hay vuelta atrás. Pero podemos elegir cómo hacerlo, a ciegas o con criterio. No hace falta ser experto para evitar estafas. Hace falta atención, calma y sentido común. Hace falta aceptar que, así como no abrirías la billetera en la calle para contar dinero frente a desconocidos, tampoco deberías entregar tu información online sin pensar.

El mundo digital es una vidriera infinita. Y como toda vidriera, tiene cosas verdaderas y cosas engañosas. La diferencia no está en la tecnología: está en tu mirada.

Comprar con seguridad no es solo proteger tu bolsillo: es proteger tu identidad, tu tranquilidad y tu futuro. Es aprender a caminar en un entorno nuevo sin perder la sensatez que siempre tuvimos en la vida real.

Acerca de ZMA IT Solutions. Con más de 50 años de experiencia, ZMA IT Solutions es sinónimo de innovación y confianza en tecnología y ciberseguridad. Somos una empresa familiar que combina tradición y visión de futuro para ofrecer soluciones a medida, respaldadas por una red de más de 600 partners en todo el país. Brindamos software, servicios profesionales y capacitación que impulsan la transformación digital de empresas de todos los tamaños. Nuestra atención cercana y personalizada nos convierte en el aliado ideal para proteger, optimizar y hacer crecer tu negocio. En ZMA, transformamos desafíos tecnológicos en oportunidades de éxito.

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Seguridad Inteligente sobre ruedas. El futuro de la videovigilancia móvil en Argentina https://tecnofuturo24.com/seguridad-inteligente-sobre-ruedas-el-futuro-de-la-videovigilancia-movil-en-argentina/ Fri, 09 Jan 2026 17:54:53 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15176 La movilidad urbana y logística en Argentina atraviesa una transformación profunda, impulsada…

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La movilidad urbana y logística en Argentina atraviesa una transformación profunda, impulsada por el avance de tecnologías como la videovigilancia móvil, la conectividad vehicular y la inteligencia artificial. Esta evolución está redefiniendo la forma en que se concibe la protección de personas, bienes y entornos en movimiento. En este contexto, la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL) se posiciona como un actor clave en el análisis, impulso y regulación de estas innovaciones tecnológicas aplicadas a la seguridad en tránsito.

El mercado total mundial de videovigilancia alcanzó los USD 371 millones y proyecta duplicarse hacia 2031, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 12%. Si bien los datos específicos sobre videovigilancia móvil aún no están desagregados oficialmente, diversas consultoras globales como Mordor Intelligence y Grand View Research coinciden en suponer una expansión sostenida, especialmente en sectores como el transporte público, la logística urbana y los vehículos particulares.

Según estimaciones elaboradas por el equipo técnico de CASEL Cámara Argentina de Seguridad Electrónica, complementadas con informes regionales, hacia 2030 podríamos esperar:

80% del transporte público urbano equipado con cámaras móviles, GPS y transmisión en tiempo real.

60% de las flotas con integración de sistemas ADAS (Asistencia Avanzada a la Conducción) y DMS (Monitoreo del Conductor).

25% de los vehículos particulares en zonas urbanas utilizando dashcams u otros sistemas de grabación.

20% con tecnologías ADAS básicas incorporadas de fábrica o como retrofit.

Estos datos no solo evidencian un cambio tecnológico, sino una evolución cultural: la seguridad ya no es estática ni reactiva. Es móvil, proactiva y predictiva.

Vehículos conectados, un nuevo paradigma

El concepto de vehículos conectados agrega una capa estratégica. Según datos de Parabrisas Perfil y Statista, este segmento crecerá a nivel global a un ritmo del 17,35% anual, alcanzando los USD 165.000 millones en 2029. En Argentina, se estima que entre el 15% y el 20% del parque automotor será conectado hacia 2030, lo que habilitará funciones como V2V (vehículo a vehículo) y V2X (vehículo con infraestructura, peatones y redes de control). Este escenario abre una oportunidad clave para la industria nacional de seguridad electrónica: desarrollar soluciones integradas que no solo graben y transmitan, sino que también interactúen con los sistemas de tránsito, redes de emergencia y centros de monitoreo urbano.

Desde las cámaras del sector, se entiende que para alcanzar estos niveles de adopción será necesario trabajar en los siguientes puntos:

Normativas claras y actualizadas que regulen el uso ético de la videovigilancia móvil, respetando la privacidad sin perder eficacia.

Incentivos fiscales o financiamiento accesible para la incorporación de estas tecnologías, especialmente en PyMEs y flotas de transporte urbano o interurbano.

Capacitación técnica para instaladores y operadores que estarán a cargo del despliegue y mantenimiento de los sistemas. Interoperabilidad entre dispositivos, plataformas y centros de monitoreo, tanto públicos como privados.

Hablar de videovigilancia móvil ya no es hacer futurismo; es describir las exigencias de la movilidad actual. La seguridad a bordo se ha convertido en prioridad tanto para los usuarios como para las autoridades, y las cifras y tendencias lo confirman. Invertir en cámaras, sensores inteligentes y conectividad no es solo una medida preventiva contra robos o siniestros: es una decisión estratégica que mejora la operación, brinda datos valiosos y salva vidas.

En un transporte público más seguro, aumenta la confianza de los pasajeros y se disuaden hechos delictivos. En una flota logística, se reducen accidentes y costos asociados. En un automóvil particular, el conductor gana asistencia y tranquilidad. Los beneficios tangibles e intangibles son significativos. La pregunta ya no es si estas tecnologías llegarán a dominar la escena, sino qué tan preparados estamos para integrarlas de manera eficaz y ética. Integrarlas eficazmente implica no solo adquirir el hardware, sino capacitar a los conductores en su uso, adaptar los protocolos de las empresas y organismos para reaccionar ante la información provista por estos sistemas, y mantener la infraestructura tecnológica (servidores, redes de datos, centros de monitoreo) en condiciones óptimas. Integrarlas de forma ética conlleva asegurar la privacidad de las personas (por ejemplo, protegiendo las imágenes recogidas y definiendo claramente quién puede acceder a ellas evitar usos indebidos o discriminatorios de la información, y balancear la vigilancia con los derechos individuales. Son desafíos importantes, pero abordables con planificación y colaboración.

El Rol de las cámaras como CASEL, en la industria de la seguridad electrónica es fundamental en este proceso. Como cámara sectorial, se promueve la adopción responsable de estas tecnologías, facilitando la capacitación profesional, la difusión de estándares de calidad y el diálogo con las autoridades para contar con regulaciones actualizadas. El futuro de la movilidad segura en Argentina dependerá de la sinergia entre tecnología, normativa y educación. En esa convergencia, la videovigilancia móvil, junto con ADAS, DMS y vehículos conectados, se perfila no solo como una herramienta de seguridad, sino como un pilar de la movilidad del siglo XXI. La oportunidad está servida: aprovecharla nos permitirá salvar vidas, proteger bienes y mejorar la experiencia de transporte para todos los argentinos.

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Cuando sobran marcas y faltan valores, por qué educar es la nueva forma de vender https://tecnofuturo24.com/cuando-sobran-marcas-y-faltan-valores-por-que-educar-es-la-nueva-forma-de-vender/ Mon, 05 Jan 2026 19:31:58 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15167 Columna de opinión por Diego Madeo. Director Ejecutivo de Garnet Technology En…

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Columna de opinión por Diego Madeo. Director Ejecutivo de Garnet Technology

En un mundo saturado de productos tecnológicos y marcas que aparecen cada semana, la verdadera competencia ya no está en quién fabrica más, sino en quién logra construir confianza. La era de la sobreoferta nos obliga a repensar cómo nos relacionamos con los clientes: educar, acompañar y transmitir valores reales se vuelve el camino más sólido para fidelizar en un mercado donde la tecnología cambia más rápido que la lealtad. El mercado ya no da respiro. Todo se mueve demasiado rápido. Lo que hoy parece una tendencia, mañana ya es historia. En un mundo donde la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, no solo los productos evolucionan, también cambian las reglas del juego, los hábitos de compra y las formas de competir. En apenas unos años, los ciclos de negocio se acortaron, las certezas se desvanecieron y la planificación se volvió un ejercicio casi artesanal.

Hace apenas cinco años la industria global vivía una de las crisis más duras de su historia: la escasez mundial de semiconductores. La pandemia había paralizado fábricas, interrumpido cadenas logísticas y generado un cuello de botella que afectó desde automotrices hasta fabricantes de cámaras, alarmas y teléfonos. Durante meses, la falta de chips frenó la producción y disparó los precios de los componentes.

Hay cientos de artículos que hablan de lo mismo, de una realidad que ya nadie puede negar, la sobreoferta de productos electrónicos que inunda los mercados y hoy nos encontramos frente a un escenario completamente opuesto al de hace cinco años. La escasez se transformó en sobreoferta. Según el informe “From Excess to Equilibrium” de Fusion Worldwide, el año 2024 fue definido como un “año de exceso de inventario”. Lo que antes era una guerra por conseguir componentes se convirtió en un desafío por colocar el stock acumulado. Muchas empresas, al anticiparse a nuevas crisis o sobredimensionar la demanda postpandemia, terminaron con inventarios excesivos y previsiones demasiado optimistas. Asimismo la evolución de los nuevos microprocesadores más potentes creados por las fábricas que se inauguraron entre el 2021 y 2024 acelera la obsolescencia de otros componentes y productos que deben reinventarse constantemente.

Esta situación explica en parte por qué en los últimos años han surgido tantas marcas nuevas compitiendo por un mismo espacio: los fabricantes buscan salida comercial para sus excedentes y, en consecuencia, el mercado se llena de productos similares, muchos de ellos sin una propuesta de valor clara ni soporte a largo plazo. La vida útil de los productos es cada vez más corta y la obsolescencia programada parece no tener fin.

El problema es que el mercado no crece al mismo ritmo que la oferta. La demanda real, especialmente en segmentos como la seguridad electrónica, evoluciona, pero no se multiplica al ritmo en que aparecen nuevas marcas o soluciones. Y cuando eso ocurre, el escenario se vuelve una jungla: una competencia basada en precios, saturación de opciones similares y consumidores cada vez más confundidos.

Entonces, la pregunta es inevitable: ¿Cómo se sobrevive comercialmente en este entorno? La respuesta no está en fabricar más ni en vender más barato, sino en construir confianza, educar al cliente y transmitir valores reales. Porque en un mercado de exceso, lo que escasea no son los productos, sino las marcas que inspiran credibilidad. Estamos ingresando a la era de la profesionalización comercial de nuestras empresas. Entender que aquello que durante años vimos como algo intangible, el CRM, el ERP, el marketing o el customer journey, hoy debe cobrar vida y articularse dentro de una estrategia dinámica, donde las combinaciones posibles son infinitas.

En la industria de las tecnologías en seguridad, donde los productos parecen similares y las marcas compiten por precio o tecnología, la verdadera diferenciación no está en el catálogo, sino en el valor que logramos transmitir. Y ese valor se construye educando, no entreteniendo.

Durante años, muchas empresas enfocaron su estrategia en atraer atención, más vistas, más seguidores, más clics, pero pocas lograron convertir esa atención en confianza o ventas. Y es que la fidelización no nace de una publicación llamativa o de una campaña con descuentos. La fidelización nace cuando el cliente entiende, confía y se siente acompañado. En un entorno con saturación de oferta, la diferencia ya no está tanto en el “qué producto vendo” sino en “cómo lo vendo, cómo lo instalo, cómo lo mantengo, qué valor agregado doy.

Educar es la forma de vender en los mercados B2B

Cuando enseñamos, no solo explicamos cómo funciona una alarma o por qué es mejor una doble tecnología frente a una simple; lo que realmente hacemos es formar criterio en el usuario, mostrarle que detrás de cada recomendación hay conocimiento, experiencia y valores reales. Ese tipo de comunicación construye una relación sólida y duradera. Los clientes que aprenden con nosotros son los que más tarde nos eligen, nos recomiendan y nos defienden. Por el contrario, los leads de entretenimiento, aquellos que llegan por curiosidad o por un contenido viral sin valor real, rara vez compran. Son visitas que suman en métricas, pero restan en propósito. Los leads educados, en cambio, se convierten en oportunidades reales, porque entienden el problema que resuelve nuestro producto y el porqué de su valor. No buscan el precio más bajo, buscan el profesional más confiable. Y ahí entra otro concepto clave: la definición del segmento. No todos los clientes son iguales, ni deberían serlo. Si pretendemos vender a todos, terminamos no conectando con nadie. Definir un segmento es decidir a quién queremos cuidar, proteger y acompañar con nuestras soluciones. Y una vez elegido, todo lo demás, la comunicación, la propuesta de valor, la atención y la postventa, debe alinearse con ese perfil.

En un mercado cada vez más competitivo, donde la tecnología evoluciona más rápido que la lealtad, las marcas que sobreviven son las que enseñan, acompañan y comunican desde la autenticidad, porque educar no solo forma clientes: forma comunidad, y en la seguridad electrónica, construir comunidad es construir confianza.

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El valor de una contraseña, lecciones del robo al Louvre y la importancia de la ciberseguridad en todos los ámbitos https://tecnofuturo24.com/el-valor-de-una-contrasena-lecciones-del-robo-al-louvre-y-la-importancia-de-la-ciberseguridad-en-todos-los-ambitos/ Wed, 17 Dec 2025 13:47:31 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15163 Por CASEL (Cámara Argentina de Seguridad Electrónica) Un reciente informe internacional reveló…

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Por CASEL (Cámara Argentina de Seguridad Electrónica)

Un reciente informe internacional reveló un hecho tan sorprendente como alarmante, el sistema de videovigilancia del Museo del Louvre, en París, tenía como contraseña simplemente su propio nombre, “Louvre”. La revelación salió a la luz tras el robo de joyas valuadas en más de 102 millones de dólares ocurrido en octubre dentro de la famosa galería de Apolo, un asalto que apenas duró siete minutos y dejó al descubierto una serie de fallas estructurales y tecnológicas en uno de los museos más emblemáticos del mundo.

Más allá del impacto mediático, este episodio vuelve a poner en debate un problema que trasciende fronteras y sectores: la falta de cultura en seguridad digital y el uso inadecuado de contraseñas en sistemas críticos. Desde CASEL (Cámara Argentina de Seguridad Electrónica), entidad que representa al sector tecnológico y profesional de la seguridad en el país, se enfatiza la necesidad de asumir la protección digital como parte integral de la seguridad general, tanto en instituciones como en hogares y empresas.

“La seguridad no se limita a instalar cámaras o alarmas; depende también de cómo las configuramos, de las claves que elegimos y del uso responsable que hacemos de los sistemas. Una contraseña débil puede abrir la puerta al mismo riesgo que una ventana sin cerradura”, señalaron desde CASEL.

Recomendaciones desde CASEL

Para evitar situaciones similares, la Cámara recomienda a usuarios, instaladores y empresas aplicar buenas prácticas de ciberseguridad y gestión de contraseñas:

Evitar contraseñas simples o evidentes como nombres propios, fechas de cumpleaños o el nombre de la empresa.

Combinar letras mayúsculas, minúsculas, números y símbolos, alcanzando al menos 12 caracteres.

Cambiar las contraseñas con frecuencia y no reutilizarlas en diferentes plataformas.

Utilizar autenticación en dos pasos (2FA) siempre que sea posible.

Actualizar los sistemas de seguridad y firmware de cámaras, paneles de alarma y dispositivos móviles de manera periódica.

Capacitar a los usuarios y técnicos sobre riesgos digitales y políticas de seguridad.

Un llamado a la conciencia digital

La seguridad electrónica y la ciberseguridad hoy se entrelazan. Los delitos informáticos, el robo de datos, el acceso remoto no autorizado o la manipulación de sistemas de vigilancia son cada vez más frecuentes. Según reportes internacionales, más del 80% de las brechas de seguridad ocurren por contraseñas vulnerables o comprometidas. El caso del Louvre, más allá de su espectacularidad, sirve como un recordatorio de que la tecnología por sí sola no garantiza protección, si no se acompaña de una gestión responsable y profesional de los sistemas.

CASEL invita a toda la sociedad. usuarios, instaladores, empresas y organismos públicos, a repensar la seguridad como un ecosistema integral donde la conciencia, la actualización tecnológica y la profesionalización son tan importantes como el equipamiento.

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Venezuela montó una fábrica de drones con la supervisión de Irán en una base áerea https://tecnofuturo24.com/venezuela-monto-una-fabrica-de-drones-con-la-supervision-de-iran-en-una-base-aerea/ Wed, 17 Dec 2025 13:43:43 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15160 En el medio de su conflicto con Estados Unidos, Venezuela fabrica drones…

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En el medio de su conflicto con Estados Unidos, Venezuela fabrica drones propios con supervisión de Irán en una emblemática base aérea.

Así lo consignó el sitio de periodismo de investigación https://www.elarchivo.com/ahora/venezuela-monto-una-fabrica-drones-la-supervision-iran-una-base-aerea-n5326751

Hace unas semanas, en EL ARCHIVO analizamos el riesgo para la seguridad hemisférica que presentaba la fabricación por parte de Venezuela de drones propios y su alianza con Irán. Hoy presentamos detalles de la base aérea El Libertador, donde ello ocurre.

La alianza con Irán en términos de tecnología militar

La alianza entre Venezuela e Irán ni es nueva ni se remite a buenas relaciones diplomáticas. Las mismas vienen desde los tiempos de Hugo Chavez y abarcan diversas áreas, sobre todo las estratégicas y de seguridad. Durante el desfile conmemorativo de la independencia de Venezuela en 2022, se mostraron los drones Mohajer-2, ahora conocidos como Antonio José de Sucre-100 (ANSU-100), dispositivos que fueron modernizados y ensamblados en Venezuela. Esta evolución de simple comprador de armamento a productor de tecnología militar avanzada marca un antes y un después en el equilibrio estratégico hemisférico y debería encender todas las alarmas en las cancillerías democráticas de la región. Entre ambos se genera un ” win-win”, Maduro avanza hacia la autosuficiencia defensiva y Teherán gana proyección estratégica en el hemisferio occidental mientras accede a recursos energéticos y minerales críticos venezolanos. Venezuela fabrica actualmente diversos tipos de drones, incluyendo el Arpía 1 basado en diseño iraní para vigilancia táctica de fronteras; el Antonio José de Sucre-100 modernizado con apoyo iraní con capacidades antitanque y antipersonal; el Mohajer-6 suministrado desde 2020 como plataforma de reconocimiento y ataque con misiles; y el Zamora V-1, un dron kamikaze basado en el Shahed-136 iraní. Los drones se encuentran en los galpones del Grupo Aéreo de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento Electrónico Generalísimo Francisco de Miranda, dentro de la Base Aérea El Libertador, en Palo Negro, Aragua

Una emblemática base aérea

Conocida en sus inicios como Base Aérea de Palo Negro localizada entre las poblaciones de Palo Negro y Maracay en el estado Aragua, constituye la mayor base aérea de Venezuela, tiene su origen la resolución N.º 707 del Ministerio de la Defensa, por la cual se creó la Base Aérea El Libertador, en honor al Padre de la Patria. Durante sus años de existencia, esta estratégica instalación militar ha tenido su sede los sistemas de caza F-86, con los cuales inició su funcionamiento, Canberra, De Havilland Vampire FB.Mk.52 / T.Mk.11, De Havilland Venom FB.Mk.54, los Grupos de Transporte con los sistemas Douglas C-47D Skytrain, los Fairchild C-123B Provider ya desincorporados, los C-130, y últimamente los G-222 de fabricación italiana, y los sofisticados sistemas de CF-5, Dassault Mirage IIIEV, Dassault Mirage 5V/DV, Dassault Mirage 50EV/DV y General Dinamic F-16. Allí también tienen su sede los Servicios de Mantenimiento, Abastecimiento y Electrónica. la Escuela de Tropas Aeronáuticas y los organismos directamente adscritos al Comando de la Base, tales como los de Operaciones, Servicios, Policía Aérea y el Núcleo Inicial de la Defensa Aérea.

¿Un plan armamentístico de Maduro?

Así como la alianza entre Venezuela e Irán no es nueva, tampoco parecen ser los planes de Nicolás Maduro en desarrollar industria bélica. Ya en 2020, el estado venezolano creó que la Empresa Aeronáutica Nacional ( EANSA) con el fin de encargarse del diseño, fabricación ,ensamblaje, y mantenimiento de aeronaves, satélites y partes entre otras múltiples actividades y partes. El decreto 4125 encontró una forma muy sutil de establecer una fábrica de vehículos aéreos no tripulados, o sea DRONES.

La misma pertenece en un 80% a CONVIASA(Consorcio Venezolano de Industrias Aeronáuticas y Servicios Aéreos S.A.) empresa aerea venezolana creada en 2004 bajo el gobierno de Hugo Chávez y un 20% al ministerio de defensa, o sea el encargado de manejar las FFAA, con lo cual podemos analizar que no son drones con fines científicos los que busca crear esta empresa, armada ya hace 5 años.

La implementación en la base El Libertador

Si bien, diversos informes de inteligencia vienen advirtiendo de esta actividad en Venezuela, llamó la atención que en 2025 se comenzarán a hacer obras de ampliación de la base ( ¿Más instalaciones de fabricación bélica?) No es un secreto, Cesar Perez, gerente de Conviasa y a cargo del equipo de trabajo ponderó que estas obras son un cambio rotundo en la historia del país porque se podrán desarollar drones de entrenamiento civil y militar. Las obras que alcanzarán una ampliación de 185 hectáreas representan la claridad del avance de la penetración iraní en Venezuela y la intención de Maduro de crear pertrechos bélicos propios.

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La auditoría del futuro. Del cumplimiento documental al control en tiempo real https://tecnofuturo24.com/la-auditoria-del-futuro-del-cumplimiento-documental-al-control-en-tiempo-real-2/ Mon, 15 Dec 2025 15:46:44 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15154 Columna escrita por Fernando Arrieta, Director Regional de G-CERTI Global Certification La…

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Columna escrita por Fernando Arrieta, Director Regional de G-CERTI Global Certification

La adopción de la inteligencia artificial creció a una velocidad que pocos imaginaron: el 78% de las organizaciones ya la utiliza en alguna función y el 71% incorporó IA generativa en procesos internos. Sin embargo, más del 80% de las compañías no logra reflejar un impacto material en su rentabilidad. La paradoja es evidente: la tecnología avanza, pero la creación de valor se estanca. Detrás de ese fenómeno no hay un problema técnico, sino estructural. No es la IA el problema; es el insumo. Si una organización sigue gestionando información con documentos dispersos, la IA solo amplificará los errores: copiará, resumirá y decidirá más rápido, pero sobre una base defectuosa. El verdadero salto no es implementar IA, sino construir datos auditables: estructurados, versionados, con trazabilidad y propiedad definida. Sobre esa base, sí es posible construir controles automáticos, analítica confiable y decisiones sostenibles.

El riesgo de creer que la IA es una solución mágica se agrava con la moda de los llamados “agentes inteligentes”. Gartner anticipa que más del 40% de esos proyectos será cancelado antes de 2027 por costos y falta de valor claro. Y no se trata de un fracaso tecnológico, sino de gobierno: proyectos sin objetivos, sin métricas, sin límites. La automatización sin gobernanza no solo no crea valor, sino que multiplica la deuda técnica. La auditoría del futuro no será sobre documentos, sino sobre comportamientos del dato.

Las Global Internal Audit Standards 2024 del IIA marcan un cambio de época: reclaman funciones de auditoría apoyadas en tecnología, con capacidad de monitorear riesgos dinámicos en tiempo real. Los sistemas de gestión —ISO 9001, 27001, 14001 o 37001— deben integrarse con catálogos de datos y reglas de validación, reemplazando el cumplimiento por carpeta por una evidencia viva.

Imaginemos un escenario distinto. Una organización pública recibe un pico de reclamos digitales. Su centro de inteligencia en tiempo real detecta un patrón anómalo: el aumento coincide con una caída en el desempeño de un proveedor específico. En 72 horas, el sistema cruza los datos con registros de soporte y genera una auditoría dirigida. Se identifica la causa raíz, se emite la acción correctiva y toda la evidencia queda lista para un órgano de control. No hay interpretaciones ni excusas: solo datos que hablan.

Ese modelo —un Real Time Intelligence Center (RTIC)— es la nueva frontera de la gestión. No se trata de una sala de pantallas, sino de un sistema nervioso organizacional que conecta producción, atención, seguridad y proveedores con los requisitos normativos y las pruebas de control. Permite monitorear conformidad y riesgos, generar alertas accionables y disponer de evidencia inmediata para auditorías externas.

El camino hacia ese nivel de madurez no requiere años, sino método. En los primeros 30 días, hay que mapear los datos disponibles y los controles existentes. En los siguientes 30, establecer gobierno y calidad: definir dueños, métricas y diccionarios. Luego, entre los días 60 y 90, identificar casos de valor concretos: reducir tiempos de auditoría, detectar incumplimientos o automatizar alertas. Finalmente, hacia el día 120, la organización puede adoptar auditorías continuas basadas en playbooks y revisiones de dirección con soporte real de datos.

El error más frecuente en las organizaciones que se digitalizan es medir el progreso por la cantidad de documentos electrónicos o presentaciones en PowerPoint. Pero digitalizar sin trazabilidad no es transformación: es simulacro. La verdadera modernización ocurre cuando la información deja de ser discurso y se convierte en evidencia verificable. Solo entonces la gestión digital deja de producir archivos y empieza a producir confianza.

Si tu organización quiere avanzar hacia una digitalización con control y evidencia, contactanos en www.gcerti.org. La trazabilidad no es un requisito futuro; es la base de la confianza hoy.

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Ciberacoso. La Sombra que Vive en la Pantalla https://tecnofuturo24.com/ciberacoso-la-sombra-que-vive-en-la-pantalla/ Wed, 03 Dec 2025 14:41:09 +0000 https://tecnofuturo24.com/?p=15150 Columna de opinión por Maximiliano Ripani. Experto en ciberseguridad de ZMA IT…

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Columna de opinión por Maximiliano Ripani. Experto en ciberseguridad de ZMA IT Solutions (www.zma.la)

Hay un momento del día en el que casi todos bajamos la guardia. Para algunos es apenas despertarse, para otros antes de dormir, para otros mientras esperan el colectivo o el café. Ese instante en que agarramos el celular como quien abre una ventana al mundo sin pensar demasiado. Hoy esa ventana es tan natural como respirar, y sin embargo esconde un detalle inquietante: nunca sabemos qué va a aparecer del otro lado. A veces un saludo, un corazón, una foto divertida. Otras veces, y cada vez con mayor frecuencia, un mensaje que no esperábamos y que nos golpea con una fuerza que no debería tener algo tan pequeño como un texto en una pantalla.

La persona que recibe ese mensaje quizás ni siquiera haya tenido un mal día. Quizás solo subió una foto, compartió una opinión o comentó algo irrelevante. Pero de repente, entre las notificaciones, aparece la frase que le nubla la mañana: “Sos un desastre”, “¿Por qué no te callás?”, “Dás lástima”, “Ojalá te pase algo”. Y aunque trate de decirse que “no importa”, que “es solo internet”, la frase queda ahí, como un hilo invisible que se engancha al ánimo y lo arrastra hacia abajo.

Lo curioso, y lo triste, es que esta escena es tan común que casi no sorprende. El ciberacoso dejó de ser una rareza de rincones oscuros para convertirse en parte del paisaje digital. No hace ruido, no deja un ojo morado, no necesita empujones en un pasillo ni encuentros cara a cara. Es silencioso, insistente y tiene una capacidad inquietante de colarse en la intimidad. Porque a diferencia del acoso de antes, aquel que ocurría en un patio, en una escuela, o en el trabajo, el ciberacoso te sigue a donde vayas. No respeta horarios, no entiende de puertas cerradas. Puede aparecer un domingo al mediodía, en medio de una cena familiar o justo antes de que uno se duerma.

Pero para entender por qué duele tanto, hay que recordar algo que solemos olvidar: las pantallas no amortiguan nada. El cerebro no distingue si una agresión viene de una persona parada delante de nosotros o de un mensaje escrito por alguien que nunca vimos. El impacto emocional es el mismo. A veces incluso peor, porque el anonimato convierte al agresor en una sombra sin rostro, imposible de enfrentar o comprender. ¿Cómo se defiende uno de algo que no puede ver?

Internet, que nació como una maravilla para conectar, compartir y abrir puertas, también creó un terreno fértil para una crueldad inesperada. No porque la tecnología sea mala, sino porque amplifica. Amplifica lo bueno, lo creativo, lo divertido, lo solidario. Pero también amplifica lo hiriente, lo impulsivo, lo mezquino. Lo que antes quedaba entre dos o tres personas y se olvidaba al día siguiente, ahora puede convertirse en una tormenta de comentarios, compartidos y burlas que se multiplican sin control.

La diferencia fundamental con el acoso tradicional es que, para acosar en persona, uno necesitaba estar ahí, reunir el coraje (o la cobardía) para hablarle directamente a alguien. En cambio, en internet basta una cuenta anónima, un emoji burlón, un mensaje escrito rápido desde el sillón. Ese anonimato actúa como un traje de invisibilidad. Personas que jamás se animarían a insultar cara a cara se convierten, al otro lado de un teclado, en voces agresivas, crueles, incluso violentas. La responsabilidad se diluye, la vergüenza desaparece, la empatía se apaga.

Y esa pérdida de empatía es quizás lo que más asusta. La facilidad con la que se olvidan las emociones del otro, simplemente porque no vemos su cara ni escuchamos su tono de voz. Solo vemos una foto, una opinión, un gesto, y reaccionamos, o reaccionan, como si del otro lado hubiera un objeto, no alguien que piensa, siente, se angustia, se ilusiona y se lastima. Por eso la frase tan repetida de “es solo internet, no te lo tomes personal” es tan engañosa. Todo lo que involucra a personas es personal. Una pantalla no lo convierte en ficción.

Quienes nunca pasaron por un episodio de ciberacoso suelen minimizarlo. Creen que basta con no leer, con bloquear, con ignorar. Como si ignorar pudiera borrar el impacto emocional. Pero el problema del ciberacoso es que no se queda en un mensaje. Vuelve. Insiste. Cambia de cuenta. Se multiplica a través de otros usuarios que suman su pequeño grano de crueldad a la montaña. Y así, lo que empezó como algo aislado se convierte en un ruido de fondo que acompaña cada vez que la víctima abre el teléfono. Si cada vez que abrimos una puerta hubiera una posibilidad real de encontrar un insulto, también viviríamos angustiados.

Internet no inventó la agresión, pero sí inventó una nueva forma de escalarla. La viralidad transforma lo que debería ser una diferencia de opinión en una cacería pública. Y esa cultura de la exposición, la necesidad de mostrarse, de opinar, de interactuar, nos deja vulnerables. No por fragilidad emocional, sino porque somos humanos. Nadie es inmune a la burla repetida. Nadie está hecho de piedra.

En este contexto aparece un fenómeno particular: la indiferencia del espectador. Quienes miran sin hacer nada. En la vida real, cuando alguien es agredido frente a varias personas, alguno suele intervenir, aunque sea con una mirada incómoda. En internet, esa incomodidad desaparece. La agresión se vuelve un espectáculo. Algunos se ríen, otros la reproducen, otros simplemente pasan de largo. Y ese silencio masivo funciona como un micrófono para el agresor. Lo valida, lo impulsa, le da una sensación de impunidad. El hostigador nunca está solo: siempre tiene una audiencia.

Con todo esto, es fácil caer en la idea de que internet es un lugar oscuro y perdida la esperanza. Pero no es así. La tecnología amplifica, sí, pero no elige qué amplificar. Esa responsabilidad es nuestra. Y así como la crueldad puede viralizarse, también puede hacerlo el apoyo, la empatía y la conciencia. La solución al ciberacoso no va a venir solo de un botón de “reportar”, ni de algoritmos, ni de leyes. Va a venir de una transformación cultural: entender que lo digital no es un juego ni un mundo aparte, sino una extensión de la vida real.

Para mucha gente, especialmente jóvenes, las redes sociales son el espacio donde construyen identidad, vínculos, autoestima. Cuando reciben mensajes hirientes, no es algo que puedan separar con facilidad. Influye en cómo se ven, en cómo se valoran, en cómo se relacionan. Un comentario de burla sobre su cuerpo o su voz puede parecer trivial para el agresor, pero para la víctima se convierte en una semilla de inseguridad que crece cada vez que vuelve a publicar algo. Y así empieza el silencio, el retraimiento, la autocensura.

El caso de los adolescentes es particularmente sensible. A esa edad, donde cada palabra pesa, donde la pertenencia y la aprobación son esenciales, el ciberacoso puede ser devastador. Hay chicos que cierran sus redes, otros que se guardan lo que les pasa porque creen que los adultos no lo van a entender, otros que simplemente soportan en silencio. De los adultos escuchan frases como “no les des bola”, “son cosas de chicos”, “ya va a pasar”. Pero no pasa tan fácil. La exposición constante, la presión social, la viralidad, la vergüenza… todo se junta. Y la salud mental no distingue entre un insulto en un pasillo y uno en un mensaje directo.

Sin embargo, no son solo los adolescentes. Las mujeres reciben acoso de formas que mezclan misoginia, sexualización, amenazas y desprecio. Los hombres también pueden sufrirlo, especialmente si se los percibe vulnerables o diferentes. Las minorías reciben ataques dirigidos a su identidad. Las figuras públicas viven bajo una lupa cruel donde cualquier error se castiga con saña colectiva. Y las personas mayores, menos familiarizadas con las dinámicas digitales, muchas veces quedan indefensas ante manipulaciones, burlas o comentarios hostiles.

El denominador común no es la edad, ni el género, ni el nivel educativo. Es la humanidad. Todos podemos convertirnos en víctimas porque todos sentimos. Y todos podemos convertirnos en agresores pasivos si no reflexionamos sobre lo que decimos, compartimos o celebramos.

Entonces, ¿cómo se enfrenta algo que parece tan enorme, tan difuso, tan difícil de controlar? Empezando por lo más simple: hablarlo. Ponerlo en palabras. Sacarlo del silencio. Cuando una persona cuenta que está sufriendo ciberacoso, lo peor que se le puede responder es “no le des importancia”. Lo mejor es decirle “estoy acá, contame, vamos a ver qué hacer”. La empatía, aunque parezca pequeña, es una barrera contra la hostilidad.

También es fundamental no alimentar la rueda. No compartir capturas que ridiculizan, no comentar para “defenderse” porque eso solo agranda el conflicto, no participar de discusiones que solo buscan escalar. El silencio selectivo puede ser una forma de cortar la mecha que estaba por encender una explosión.

La educación digital es otro pilar, sobre todo para las nuevas generaciones. No basta con enseñarles a usar dispositivos: hay que enseñarles a convivir en ellos. Que detrás de cada usuario hay una persona. Que un comentario puede lastimar más que un golpe. Que la valentía no está en insultar, sino en detener la violencia cuando la ven. Y que pedir ayuda no es debilidad, sino un acto de cuidado hacia uno mismo.

Las plataformas, por su parte, tienen una responsabilidad enorme. Deberían acelerar mecanismos de denuncia, moderación y bloqueo. Deberían reconocer que su diseño a veces favorece la confrontación y buscar alternativas que no premien la violencia. Pero, aunque tengan obligaciones, la solución no puede depender exclusivamente de ellas, porque las redes reflejan la sociedad que las usa.

A veces imaginamos el futuro como un lugar donde la tecnología resolverá todos nuestros problemas. Pero en este caso, el futuro depende más de la cultura que de los algoritmos. Y hay una imagen que ayuda a entenderlo: pensemos en un teatro. El escenario es la red social, los actores son quienes publican, los agresores son quienes insultan. Pero quienes forman la mayor parte del público somos nosotros, los espectadores. Si la platea aplaude la crueldad, esta crece. Si la platea guarda silencio incómodo, también crece. Solo cambia cuando la platea dice “basta”.

Tal vez ese “basta” empiece por algo pequeño. Un mensaje de apoyo a alguien que vemos sufrir. Un comentario que frena una burla. No difundir contenido humillante. Enseñar a nuestros hijos que un insulto no es humor. No sumar leña al fuego. Elegir no ser indiferentes.

En el fondo, el ciberacoso no es un problema de tecnología, sino de humanidad. Y la solución es volver a poner en el centro algo que a veces parece haberse perdido en el ruido digital: la capacidad de ver al otro. Cuando recordamos que detrás de cada usuario hay una vida, las palabras empiezan a pesar distinto. La empatía deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad de supervivencia emocional.

Las pantallas son parte de nuestra vida. No van a desaparecer. Pero sí podemos decidir qué clase de espacio queremos que construyan. Podemos hacer de internet un lugar más amable, más consciente, más humano. No perfecto, porque nada lo es, pero sí un lugar donde el acoso no sea tolerado, donde la indiferencia no sea norma y donde la crueldad no tenga tantos aplausos.

Y quizás, algún día, cuando alguien mire su celular a la mañana, la primera notificación no sea una frase que lastima, sino algo que recuerda que del otro lado hay personas que entienden, que acompañan, que cuidan. Y que incluso en el ruido infinito de internet, todavía es posible encontrar humanidad.

Acerca de ZMA IT Solutions. Con más de 50 años de experiencia, ZMA IT Solutions es sinónimo de innovación y confianza en tecnología y ciberseguridad. Somos una empresa familiar que combina tradición y visión de futuro para ofrecer soluciones a medida, respaldadas por una red de más de 600 partners en todo el país. Brindamos software, servicios profesionales y capacitación que impulsan la transformación digital de empresas de todos los tamaños. Nuestra atención cercana y personalizada nos convierte en el aliado ideal para proteger, optimizar y hacer crecer tu negocio. En ZMA, transformamos desafíos tecnológicos en oportunidades de éxito.

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