X: @goyosalazar Ya van ocho meses de la más acaramelada luna de miel que se haya visto entre actores gobernantes de la izquierda latinoamericana y la nueva versión –ampliada y empeorada– del imperialismo yanqui. Delcy y Donald, esa doble D del poder en Venezuela, saben qué le interesa a cada quien y lo cumplen al pie de la letra. Fundamentalmente no quieren estorbos en esta etapa cuyo desarrollo y duración sigue sin definirse. Todo debe marchar sin sobresaltos, sin agitaciones, sin exigencias fuera de lugar, sin figuras incómodas que vengan a perturbar o a disputar el poder, en lo inmediato o a mediano plazo. Ya está muy claro cuáles son las figuras que no encajan en el proyecto y a quienes los dos bandos no quieren ver en Venezuela ni en creaciones de la IA. Ni quieren de vuelta a Maduro ni Machado debe pisar estos predios. Mantenerlos fuera de juego fue un componente primigenio, parte crucial del pacto surgido en territorio catarí a mediados del 2025. Vamos a ver. Para los Rodríguez la oferta estuvo clara: tenemos grandes negocios y excelentes movidas políticas. Eso sí, para ustedes. ¿Qué les parece Miraflores? Al señor Maduro le reiteramos el mensaje: puede pedir lo que quiera y donde quiera, menos quedarse. Vale cero. Y muy bien puede irse por sus propios pasos. De lo contrario, Lanza del Sur, no sé qué cosa épica y Delta Force contigo. Dicho y hecho. Por el lado de los Rodríguez ya ha quedado claro cuál fue casi que la única exigencia: Muy bien, estamos de acuerdo, business son business, pero aquí se necesita apaciguamiento del debate político, no provocar a los radicales –»pacíficos pero armados»– con esos revulsivos llamados de la señora Machado a elecciones. Paz, paz, paz es lo que necesitamos. De modo que manténgala tan lejos de aquí como quieren ustedes ver a Nicolás y a Cilia. Trato hecho. Trump ha ido más lejos en su cumplimiento. El propio 3 de enero, cuando Maduro no había entrado todavía a su celda en Brooklyn, el presidente norteamericano declaró des
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