Fuente de la imagen, BBC Mundo Título del autor, BBC News MundoFecha de publicación 12 minutosTiempo de lectura: 7 min"Me vine de Venezuela y el terremoto me está persiguiendo", dice Deivi Delfín desde una barbería en Cali, Colombia, donde trabaja su padre. Este adolescente de 15 años y su hermano Winder, de 17, han visto cosas que ningún niño debería ver: cadáveres irreconocibles, casas sepultadas y familias desesperadas. Los hermanos Delfín vivieron los devastadores terremotos del 24 de junio en La Guaira, la zona más afectada de toda Venezuela. Allí perdieron a su madre, Yusmani, sepultada bajo los escombros de su apartamento colapsado. En la tragedia también fallecieron su hermanito Moissés, de 10 años, y su abuela Carmen. Ellos mismos retiraron sus cuerpos sepultados tras casi un mes removiendo losa por losa. No saben bien de dónde sacaron la fuerza para lograrlo, solo que lo hicieron. Este lunes, tres días después de migrar a Colombia con su padre y a menos de dos meses del sismo en Venezuela, la tierra bajo sus pies volvió a temblar. Cali es una de las ciudades más golpeadas por el terremoto de magnitud 7,4 que dejó cientos de muertos en el país. Final de Más leídas Conversando junto a ellos y su padre, Deivid, a los adolescentes se les nota una madurez y entereza inusuales para su edad. Cuentan que imaginan sus nuevas vidas en Colombia con mucho estudio y trabajo. Quieren que su mamá, donde quiera que esté, se sienta orgullosa. El 24 de junio, los adolescentes fueron a pasar el día a la playa. Winder también quería llevar a Moissés, pero el niño estaba castigado y la madre no lo dejó ir. "Yo le insistí, le insistí, pero mi mamá, nada", recuerda. Pasadas las 6 de la tarde, cuando regresaban a su casa, el suelo se estremeció. Dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela con una diferencia de apenas 39 segundos. Los hermanos alcanzaron a abrazarse y cerrar los ojos. Cuando los abrieron, todo estaba lleno de polvo y tierra. Fuente de
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