Columna de opinión por el Lic. Diego Madeo. Director Ejecutivo de Garnet Technology
El robo de infraestructura puede afectar la seguridad de viviendas y comercios que ni siquiera fueron atacados. Los datos internacionales exponen la dimensión del problema y plantean una pregunta clave: qué ocurre con una alarma cuando se corta internet o falta electricidad.
Imaginemos una escena cotidiana. Un comerciante cierra su local, activa la alarma desde el celular y se va. Unas horas después, un robo de cables interrumpe el servicio de internet de la zona. Nadie tocó la puerta de su negocio. Nadie intentó ingresar. Sin embargo, una de las condiciones sobre las que funciona su protección acaba de cambiar. ¿La alarma sigue detectando? ¿Puede hacer sonar la sirena? ¿Tiene cómo enviar un aviso al propietario o a la central de monitoreo?
Son preguntas diferentes. Y conocer sus respuestas antes de una emergencia puede hacer una diferencia importante. Durante años, la conversación sobre seguridad estuvo concentrada en lo que ocurría dentro de la propiedad: dónde colocar los detectores, cuántas zonas proteger o cómo cubrir los accesos. Hoy también necesitamos mirar hacia afuera. La energía y las comunicaciones forman parte de esa protección, aunque muchas veces las demos por garantizadas.
Un delito que afecta mucho más que el cable robado
En abril de 2026, AT&T informó que durante 2025 sufrió más de 10.400 incidentes de robo de cobre, con pérdidas superiores a 82 millones de dólares. La compañía advirtió sobre las consecuencias para la conectividad y la disponibilidad de servicios, y describió evidencias de acciones organizadas. En Latinoamérica, la distribuidora eléctrica CGE reportó 1.426 episodios de robo y 420 kilómetros de cables sustraídos durante 2025 en sus instalaciones de Chile, según información publicada en febrero de 2026. Son datos de empresas y mercados específicos, pero permiten dimensionar un problema que excede el valor del material sustraído. Un mismo hecho puede interrumpir servicios de los que dependen hogares, comercios y sistemas de seguridad. Para afectar la comunicación de una alarma, ni siquiera hace falta que esa alarma sea el objetivo del delito. Un corte de internet no significa necesariamente que una alarma deje de funcionar por completo.
Según su diseño, alimentación y configuración, puede continuar detectando una intrusión y activar una sirena local. Pero si su única salida de comunicación depende de la conexión interrumpida, el aviso remoto puede no llegar. Por eso, al evaluar una instalación, conviene distinguir tres momentos: detectar lo que sucede, transmitir el evento y ejecutar una respuesta. La doble vía de comunicación permite incorporar una alternativa. Existen comunicadores que utilizan la conexión a internet del lugar mediante WiFi y una vía de datos móviles como respaldo. Esa posibilidad debe estar efectivamente instalada, habilitada y configurada.
Tener una segunda vía tampoco equivale a garantizar comunicación en cualquier circunstancia. Es necesario evaluar cobertura, disponibilidad del servicio y alimentación de los equipos. La pregunta profesional es qué fallas puede soportar cada instalación y cuáles son sus límites.
La batería también forma parte de la seguridad
El respaldo energético merece la misma atención. No alcanza con recordar que el panel tiene una batería: hay que verificar su estado y la autonomía que ofrece para los equipos conectados. También debemos revisar qué ocurre con los demás componentes de la instalación. Si el router se apaga durante un corte eléctrico, mantener encendido el panel no conserva por sí solo esa conexión a internet.
Aquí aparece el valor del instalador y de la empresa de monitoreo: evaluar la instalación completa, probar los respaldos y explicar al usuario qué puede esperar en cada escenario. Una prueba controlada, realizada por el profesional, permite comprobar cómo responde el sistema ante la pérdida de una vía y si el evento llega al destino previsto.
La protección necesita mantenimiento
Como fabricantes y profesionales del sector, tenemos que ayudar a cambiar la conversación. Además de explicar cómo se activa una alarma, debemos explicar cómo se comprueba que continúa en condiciones de proteger. Eso incluye revisar baterías, probar las comunicaciones, mantener actualizados los contactos y definir quién actuará ante cada aviso. Una notificación necesita un destinatario disponible y un procedimiento de respuesta. La próxima vez que evaluemos la seguridad de una vivienda o un comercio, sumemos una pregunta a las habituales: si se corta internet o falta electricidad, ¿cómo va a avisar este sistema? La respuesta debería conocerse el día de la instalación. Descubrirla durante una emergencia puede ser demasiado tarde.