El mundo Android se enfrenta a una de las noticias más impactantes del año: Google ha confirmado que dejará de ofrecer soporte a su navegador Chrome en móviles que utilicen versiones anteriores a Android 10.0. Esta decisión afecta directamente a millones de usuarios que aún operan con versiones como Android 8.0 (Oreo), Android 8.1 o Android 9.0 (Pie), y marca un antes y un después en la estrategia de la compañía hacia los dispositivos obsoletos.

Chrome, el navegador más utilizado a nivel mundial y en especial en España, dejará de recibir actualizaciones en estos terminales, lo cual tendrá implicaciones significativas para la seguridad, el rendimiento y la funcionalidad en general. Aunque el navegador seguirá funcionando por un tiempo en estos dispositivos, ya no se beneficiará de parches de seguridad ni de nuevas funciones, lo que representa un riesgo creciente para la integridad de los usuarios.


El principio del fin: Chrome dice adiós a Android 8 y 9

Con el lanzamiento inminente de la versión 139 de Chrome, previsto para principios de agosto de 2025, Google establecerá oficialmente como requisito mínimo contar con Android 10.0. Esto significa que cualquier dispositivo que funcione con una versión inferior no podrá instalar versiones posteriores del navegador ni recibir actualizaciones a través de Google Play.

Para millones de usuarios que aún usan dispositivos con Android 8.0, 8.1 o 9.0, esto representa un punto crítico. Según datos oficiales, aproximadamente el 10% de los móviles Android en circulación aún funcionan con estas versiones. Esto supone decenas de millones de dispositivos vulnerables en todo el mundo, muchos de ellos en regiones donde la actualización de hardware no siempre es una opción viable o asequible.


¿Qué implica quedarse sin actualizaciones?

Cuando una aplicación como Chrome deja de actualizarse, el primer impacto no es visual ni funcional, sino estructural: se pierde acceso a los parches de seguridad que corrigen vulnerabilidades críticas. Cualquier nueva amenaza detectada en el navegador no será subsanada en estas versiones, dejando a los dispositivos abiertos a posibles ataques que pueden ir desde robo de información hasta instalación de malware a través de scripts maliciosos en sitios web.

Además de los riesgos en ciberseguridad, hay una degradación progresiva de la experiencia de usuario. Al no actualizarse, Chrome no podrá incorporar nuevas funciones ni adaptarse a los estándares modernos del desarrollo web. Con el tiempo, algunas páginas dejarán de cargarse correctamente o no funcionarán como es debido.


Chrome 138: el último refugio para móviles antiguos

Google ha dejado claro que Chrome 138 será la última versión del navegador disponible para los usuarios con Android 8.0 y 9.0. Esta versión, lanzada en junio de 2025, se convierte así en el punto de inflexión entre los dispositivos que seguirán siendo compatibles y los que quedarán atrás.

No obstante, la funcionalidad de Chrome 138 se irá deteriorando con el paso del tiempo. A medida que las tecnologías web evolucionan, los sitios requerirán compatibilidades que esta versión antigua no podrá manejar. Las experiencias interactivas, los nuevos formatos multimedia y los cambios en protocolos de seguridad harán que navegar se vuelva lento, confuso o directamente imposible en algunos portales.


¿Qué pueden hacer los usuarios afectados?

Para los millones de usuarios que se verán afectados por este cambio, las opciones son limitadas pero claras:

  1. Actualizar el sistema operativo: Si el dispositivo lo permite, lo ideal es actualizar a una versión más reciente de Android (10.0 o superior). Sin embargo, muchos modelos que funcionan con Android 8 o 9 ya no reciben actualizaciones del fabricante.

  2. Cambiar de navegador: Existen alternativas a Chrome que aún ofrecen soporte para versiones antiguas de Android. Navegadores como Firefox, Brave o algunos forks de código abierto podrían seguir funcionando durante un tiempo.

  3. Actualizar el dispositivo: Aunque sea la opción menos deseada, cambiar de móvil se presenta como la solución más segura a medio y largo plazo. Los dispositivos modernos no solo garantizan compatibilidad con Chrome, sino también con muchas otras aplicaciones críticas del ecosistema Android.


El papel de Microsoft en la polémica

Este anuncio de Google llega en un momento delicado. Recientemente, se han producido fricciones con Microsoft debido a incidentes relacionados con la compatibilidad y el rendimiento de Chrome en algunos entornos controlados por Windows. Desde Google se ha deslizado que parte de los problemas de funcionamiento de Chrome podrían tener origen en decisiones tomadas por Microsoft, lo que añade tensión a una relación ya complicada entre ambas compañías tecnológicas.

Aunque el foco principal del anuncio es Android, las menciones cruzadas con Microsoft han alimentado teorías en torno a una posible estrategia coordinada de segmentación de usuarios y renovación forzada de hardware y software. La situación recuerda a lo vivido con el fin del soporte de Windows 10, que dejó en situación de riesgo a millones de ordenadores que no podían o no querían actualizarse a Windows 11.


Impacto global y local: la crisis del abandono tecnológico

El abandono de Chrome en versiones antiguas de Android es solo un síntoma más de una tendencia cada vez más acelerada en el mundo digital: la obsolescencia programada de software. Las grandes compañías tecnológicas están reduciendo los ciclos de vida útil de sus productos, forzando al consumidor a adaptarse a un ritmo que muchas veces no puede seguir.

En países como España, donde Chrome domina con una cuota de mercado superior al 70% en dispositivos móviles, el impacto será especialmente significativo. Aunque en términos de volumen el 10% de dispositivos con Android 8 y 9 puede parecer reducido, representa millones de usuarios que dependen de sus móviles para acceder a servicios esenciales, desde banca online hasta trámites con la administración pública.


Las consecuencias de un navegador desactualizado

Cuando un navegador como Chrome deja de ser compatible, las implicaciones van más allá de una simple pérdida de funciones:

  • Seguridad: los exploits y ataques a navegadores desactualizados son más fáciles de ejecutar y menos detectables.

  • Privacidad: sin parches, los mecanismos de protección de datos pueden volverse obsoletos, exponiendo la información del usuario.

  • Compatibilidad: las páginas web modernas dejarán de funcionar como es debido, con errores de carga o interfaces rotas.

  • Velocidad: el rendimiento general de la navegación se deteriora conforme los estándares web evolucionan y el navegador no lo acompaña.

Estas consecuencias pueden afectar no solo la experiencia del usuario, sino también su acceso a contenidos esenciales, transacciones financieras, educación online o incluso sistemas de comunicación corporativa.


Qué esperar del futuro: ¿será Chrome el único?

El movimiento de Google podría marcar el camino para otras apps críticas del ecosistema Android. A menudo, cuando un navegador o app esencial corta soporte, otras le siguen rápidamente. Servicios como Gmail, Google Maps, Drive o incluso aplicaciones de redes sociales podrían comenzar a exigir Android 10 como requisito mínimo.

Esto configuraría un escenario donde los usuarios de móviles antiguos se verían cada vez más marginados, no solo por razones de rendimiento, sino por imposiciones técnicas que los dejarían sin acceso a herramientas básicas. En este contexto, se hace más urgente que nunca una discusión global sobre el derecho al soporte tecnológico y el acceso equitativo a la información.


Chrome 139: una línea que no se puede cruzar

El lanzamiento de Chrome 139 marcará oficialmente el fin del camino para quienes aún usan dispositivos con Android 8 o 9. Esta versión será incompatible con estos sistemas, cortando de raíz cualquier intento de actualización.

Aunque en teoría el navegador seguirá funcionando, en la práctica los usuarios se verán obligados a tomar decisiones importantes. Permanecer con una versión antigua y asumir riesgos, o dar el salto hacia un ecosistema actualizado, con todos los costes que eso implica.

La fecha marcada en el calendario es agosto de 2025. Será entonces cuando se verá cuántos usuarios deciden adaptarse y cuántos se quedarán atrás, navegando en un entorno cada vez más hostil, desactualizado y peligroso

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